Llego tarde. El sábado fue el día de la Mujer Trabajadora. Entre el atentado y la reflexión electoral el día pasó desapercibido. Pero hoy llegaron a mi despacho dos compañeros de una televisión local, exactamente de Localia TV. Querían grabarme unas cuantas preguntas sobre mi trabajo y mi ser mujer en este mundo de hombres, una curia jerárquica. Claro, para mí las cosas han sido muy fáciles. Naces cuando muere Franco, te encuentras con una sociedad actual, tu familia te educa en la igualdad, tu experiencia eclesial es de respeto y en tu profesión no has tenido grandes conflictos por este tema... Sin embargo, esta tarde he recordado a todas las mujeres que son despedidas de su trabajo por estar embarazadas; a todas las que se convierten en "supergirls" al intentar conciliar el trabajo y la familia... Pero sobre todo, recuerdo a tantas mujeres de nuestro rural que trabajan en el campo. Tengo en la mente y en el corazón a las mujeres de mi pueblo (montaña lucense) que en los años 80 iban al río a lavar la ropa, que dejaban sus manos y la espalda arrodilladas entre las piedras. Pienso en las mujeres de la costa, que viendo embarcar a sus esposos en alta mar, vivían esperando el regreso mientras los hijos crecían. Y a veces el regreso se convertía en tragedia...
Hombres y mujeres somos iguales ante la ley, iguales en derechos y en deberes, iguales en dignidad. Pero ¿no somos diferentes? Claro que somos diferentes. Sentimos diferente, percibimos diferente, observamos diferente... Cuánto aprendo yo en cada reunión de comunidad. La diversidad de vivencias entre hombres y mujeres es hermosa y me ayuda a crecer. Como me ayuda a crecer trabajar en un mundo tradicionalmente de hombres, y célibes, para percibir las diferencias... las diferencias, muchas veces, en nuestra educación. Otro día continuaré...
Silvia Rozas cvx