12 febrero 2016

DECIR SÍ (testimonio de Alwin y Rojean, Secretariado Mundial de CVX)

Artículo de Alwin sobre cómo fue su discernimiento para aceptar ir a Roma como Secretario Ejecutivo Mundial y el trabajo que hace allí, publicado recientemente en el blog de CVX Arrupe Elkartea.

 
Vivíamos una vida segura en el sur de las Filipinas. Trabajaba como consultor de capacidad de desarrollo para asociaciones sin ánimo de lucro. Rojean estaba lista para dar un nuevo paso y comenzar un programa de máster de gestión del desarrollo después de haber pasado tres años cuidando de Aeraele. Además, nos estábamos preparando para asentarnos en esa área después de haber vivido allí durante los primeros cinco años de nuestro matrimonio.
 
Nos enteramos de que había posiciones vacantes en la Secretaría General  durante la Asamblea Nacional Filipina, celebrada durante el último trimestre de 2013. P. Luke Rodrigues estaba allí, y nos ofreció una descripción de lo que conllevaba la posición de Secretario Ejecutivo. Algunos miembros de CVX Filipinas comenzaron a animarnos para que solicitáramos esta posición en aquella época, diciéndonos que sería una oportunidad genial y maravillosa. Es difícil cuando algo así llega a tu vida. Rojean y yo nunca antes nos habíamos planteado esta posibilidad. Estábamos comenzando una nueva familia. Poco a poco nos íbamos estableciendo en nuestros trabajos y en nuestro entorno. Para nosotros, siempre había sido encontrar la zona en la que pudiésemos continuar trabajando en las áreas a las que habíamos sido llamados para marcar diferencias (en el caso de Rojean, trabajar con las gentes indígenas de Filipinas; en el mío, reforzar las capacidades de personas y organizaciones para que pudieran llevar a cabo mejor su servicio) y, al mismo tiempo, ser capaces de compaginarlo con la formación de una familia. Cuando se nos presentó la idea de trabajar para CVX Mundial, se produjo una mezcla de sentimientos de emoción, aturdimiento, miedo e indiferencia (no-ignaciana). La respuesta inmediata a esta oportunidad fue una amplia gama de “¡no!”.
 
Y, cuando nos pidieron que rezáramos por ello, estábamos verdaderamente confundidos. ¿Debíamos solicitar la posición de Secretario Ejecutivo?
 
Durante esa época rezábamos con dos comunidades. Una de ellas se llamaba Umaga, que significa “mañana” en filipino. La otra Ven y mira. Por la naturaleza transitoria de nuestras vidas teníamos que encontrar comunidades de CVX allá donde estuviésemos. Ninguno de los dos grupos podía contener sus sentimientos ante esta posibilidad. Ambos teníamos que luchar con la respuesta de “Sí” e “Id”. Ellos estaban más emocionados que nosotros; la fiebre de Roma los había afectado a ellos mucho antes que Rojean y a mí (para nosotros, esto sucedió mucho más tarde, cuando finalmente llegamos a la ciudad). Además, para ellos no había nada que pensar. En realidad era una oportunidad única en la vida, y decir que no sería un disparate. Y así decidimos Rojean y yo que teníamos la gran responsabilidad de pensar detenidamente en esta invitación, pues muchas personas y comunidades estaban rezando con nosotros. Nuestro “sí” llegó mucho más tarde.
 
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