06 octubre 2015

Crónica de El reloj de la Familia en Latinoamérica (por Menchu Oliveros)

Más allá de un relato cronológico de acontecimientos, quiero compartir  el regalo que ha sido para mí la experiencia del Reloj de la Familia en Latinoamérica. En pocas palabras, una auténtica vivencia de misión, de acogida y de amistad.

Misión porque desde el primer momento me sentí enviada por la CVX de España, por el Equipo de Familia, por mi CVX Zaragoza (y por mi santo esposo que guardó el castillo en mi ausencia), a compartir esto tan nuestro, que nos viene ocupando en los últimos años de trabajo en el equipo. Partir con la ilusión de llevar a otros momentos de sentido y de encuentro marca tendencia,  pre-dispone a intentar dar lo mejor de uno mismo, a buscar el  modo oportuno de comunicar, a escuchar y a mantener los ojos muy abiertos a la vida que fluye. Hay pocas motivaciones más poderosas que la de trasmitir aquello que ha sido bueno para uno, y llevar el Reloj al otro lado del océano era una aventura entusiasmante, tanto que ningún inconveniente (que había algunos) pudo frenarla.

Acogida porque el pueblo latinoamericano es así, acogedor por naturaleza: un gran hogar en el que siempre hay espacio para el que llega, una casa que se abre de par en par sin contar cuanta gente cabe. 

Desde el primer momento nos recibieron con ese calor humano y esa alegría propios del hemisferio sur. Mi sensación era la de que éramos tratados como un objeto precioso que era custodiado a turnos por los guardianes ceuvequistas, atentos a nuestros deseos para materializarlos, integrándonos como a uno más en sus familias y comunidades (las comunidades CVX, pero también la comunidad de jesuitas en Buenos Aires). Cuantas veces en esos días nos han expresado su agradecimiento, cuantos besos y abrazos hemos recibido, y cuanta vida hemos compartido después de cada jornada de trabajo.

Pero también acogida de nuestro Reloj de la Familia. Siempre se tiene la duda de si lo que funcionó aquí podrá funcionar allá, si la distancia geográfica podrá afectar al delicado mecanismo que pone en marcha esos procesos de gratitud, de consciencia, de reconciliación, de proyección hacia el futuro… 

Las CVX de Uruguay y Argentina pusieron todo de su parte para que así fuera:  los medios y el lugar, la mejor disposición, toda su energía, una generosidad enorme al compartir con otros, y mucha paciencia con estos españoles que hablamos tan rápido y utilizamos expresiones extrañas, como la especialmente célebre “eres un hacha”.

Y por último, ha sido una gran experiencia de amistad, de esa que nace y se fortalece cuando creamos y trabajamos juntos, cuando comunicamos a corazón abierto, cuando el centro no son nuestras preocupaciones cotidianas sino el deseo de acercarnos a los otros y compartir lo que somos y tenemos. Ha sido un gran momento de comunión entre los pueblos latinoamericanos: era emocionante ver a tantas comunidades de distintos países reunidas en una misma experiencia, hablando un lenguaje común. No hablo sólo de unidad entre las comunidades CVX, sino también con otras personas de iglesia que han aportado diversidad y colorido a nuestro Reloj, especialmente en San Miguel. Es sorprendente cuantos lazos se generaron en tan poco tiempo, y como tras el regreso permanece el deseo de seguir conectados, de saber de nuestras vidas, de trabajar en común con América Latina en el tema de familia, de soñar nuevos proyectos y experiencias en común…

Es un topicazo decir que he recibido mucho más de lo que podía dar, pero es rigurosamente cierto. Porque además de todo eso, lo hemos pasado muy bien. Aquí pensamos que en España somos los reyes de la fiesta, pero allá nos llevan una buena ventaja…

Hace poco tuve la suerte de ver “Inside Out”, la nueva película de Pixar (muy recomendable como post- Reloj, por cierto). Ahora imagino esos días en América Latina suspendidos dentro de una pequeña esfera con el aura amarilla de la alegría, un recuerdo esencial lleno de rostros: los de Mace y Rafael, Mariana y Elvio, Santiago y Jimena, Alvaro y Sofía, Carlos y Ana, Paula y Esteban, Marcelo y Carmen, Gaby, Paco Arrondo, Juan Berli, …y tantos otros. Gracias Uruguay, gracias Argentina por este regalo.

Menchu Oliveros