Testimonios: “Dios me renueva cada día” y “La constancia necesaria”


Entrevistas a María Fernanda Díaz (Marifer) y Fran Maldonado, miembros del equipo de Espiritualidad Ignaciana de CVX en Málaga, publicadas en el Semanario de la Diócesis de Málaga.
“Dios me renueva cada día”

María Fernanda Díaz no es un personaje anónimo. Su rostro es habitual en las calles de Málaga, y seguro que muchos de los que leen estas líneas la han saludado en algún que otro momento. Su afición a pasear haría imposible cifrar los kilómetros que lleva recorridos a sus 44 años. Allá donde tiene que ir, lo hace andando, y ese tiempo lo aprovecha para reflexionar e, incluso, orar al Señor.

Marifer, que es como la conocen sus amigos, comenzó su amistad con Dios en la infancia. “Creo que fue alguien de mi familia, probablemente mi madre, la primera en hablarme de Dios.Y así fue como empezó todo”. Y lleva razón, porque todo en la vida de Marifer está en las manos del Señor. Ella asegura que trata de vivir su fe en su familia y en su trabajo, que desempeña diligentemente como administrativa en una empresa de alquiler de apartamentos. “Por allí por donde paso procuro dejar, sin que se note, mi granito de arena en lo más cotidiano, como es el trato con la gente”.

Desde muy joven vive su fe en comunidad dentro de la CVX (Comunidad de Vida Cristiana), y los medios ignacianos le ayudan en su camino hacia la santidad a la que todos estamos llamados.

Su devoción a la Virgen es también muy profunda. “De pequeña, mi hermana y yo teníamos un corcho en el dormitorio con una imagen de la Virgen, y bajábamos o subíamos estrellitas según nos portáramos bien o mal” confiesa sonriendo. Aún ahora el mes de mayo es especial para Marifer, que sigue rezando diariamente a María con las oraciones de un librito heredado de su bisabuela al que tiene mucho cariño. En su madurez, también ha crecido su amor a María, a la que encomienda su jornada desde por la mañana. “La siento como madre y amiga, tenemos una relación muy sencilla”. Dentro de la labor apostólica de su comunidad, Marifer colabora en el equipo de Espiritualidad Ignaciana, que se encarga de ofrecer a parroquias y movimientos las herramientas del santo de Loyola: ejercicios, oración y un itinerario ignaciano para grupos de adultos. Para ella, los Ejercicios Espirituales son algo fundamental y le ayudan a estar en la vida en actitud de discernimiento, para tratar de hacer siempre la voluntad de Dios. “Los voy haciendo de verano en verano, y tampoco dejo de lado el acompañamiento personal, que me ayuda mucho”. Con intercambiar un par de palabras con ella, uno se da cuenta de que está habitada por la paz del Señor. Su hablar es dulce, pausado, y su mirada fija y serena. En sus propias palabras: “Dios me renueva cada día, a pesar de las caídas”.

“La constancia necesaria” (Francisco J. Maldonado, Acompañante de ejercicios)

Desde hace muchos años, he tenido el regalo y la gracia del Señor, de poder acompañar espiritualmente a Marifer en su caminar como cristiana. Si tuviese que definir su crecimiento espiritual de alguna manera, sería con “la constancia necesaria”, ella sólo ha tenido su mirada fija en una cosa: ser fiel al Señor en su vida y servir a los demás, a aquellos que le rodean o han tenido la suerte de cruzarse en su vida. Hablar con ella de Jesús, es darte cuenta de que el amor como hermanos tiene un baluarte en Málaga y es Marifer. Gracias a su empeño, a su insistencia, a su oración diaria, a apoyarse constantemente en Dios, a su familia… Marifer ha crecido y madurado en su cristianismo, respondiendo, con constancia, a la llamada que diariamente Jesús le hace. Por eso hablar con ella es recibir un regalo de Dios, su amor, que tiene como mediador a Marifer. Recuerdo que hace muchos años yo daba una escuela de oración, todos los miércoles, en el Centro Xavier, donde participaban muchas personas, y aún en tiempos de pereza como en invierno o días de lluvia, ella siempre estaba allí. A veces éramos sólo los dos, y cumplíamos con nuestro servicio, orábamos juntos, con el Señor en medio, y recibíamos esa Gracia que nos hizo crecer como hermanos en Cristo. Han pasado muchos años de eso y seguimos yendo juntos a esa oración comunitaria que ahora está abierta a la Iglesia de Málaga y a otras comunidades. Seguimos respondiendo, con constancia, a la llamada de Jesús para dar a otros lo recibido. ¡Gracias Marifer!

(Publicadas en el Semanario Nº 816 de la Diócesis Málaga del 19 de mayo de 2013 http://www.diocesismalaga.es/modulos/prensa/diocesis/816.pdf)
 

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