Los Ejercicios en Casa Manresa (abril 2012)


Lali García, de CVX-Tenerife, nos cuenta su experiencia de Ejercicios Espirituales.

La semana, del 1 al 7 de abril, tuvo lugar un encuentro con los Ejercicios Espirituales (EE.EE.) en la Casa Manresa, ubicada en La Caridad, Tacoronte, de la mano de Lucas López sj con motivo de la Semana Santa.

Se me hace difícil explicar lo que nos aguarda en EE.EE. Doy por sentado que el lector conoce o al menos habrá escuchado alguna vez hablar sobre los EE.EE., y que si nombro a S. Ignacio de Loyola, más aún nos situaremos en un determinado tipo de espiritualidad. No voy a dar una clase de historia ni de santos, puesto que para eso con nuestro amigo google tenemos un abanico más que amplio de conceptos, información a veces de dudosa procedencia, y un sinfín de enlaces que nos abrirán un mundo de posibilidades hacia lo desconocido, así que les invito a explorar. En fin, yo me dedicaré en este espacio a hablar más desde la experiencia, que al fin y al cabo es lo que hará distintivo este artículo de otros que podrá encontrar en google.

Alguna vez he escuchado a personas hablar de los EE.EE. como algo que “es bueno refrescar de vez en cuando”, como si de una asignatura se tratase. Bajo mi modesta opinión y tras la experiencia, como decía antes, creo que S. Ignacio fue brillante en esto, al crear unos ejercicios que, al igual que los “ejercicios físicos” revitalizan el cuerpo y lo van moldeando, los espirituales son capaces de revitalizar nuestra alma e irla moldeando también. Nadie cuestiona que para llegar a tener un físico atlético y vigoroso baste con “refrescar” de vez en cuando alguna carrera y unas cuantas abdominales, se reirían de nosotros cualquiera que nos escuchara afirmar esto. Con las cuestiones del espíritu sucede igual, no puede ser, y es imposible concebirlos, como algo a lo que acceder de vez en cuando, para “refrescar”. Han sido diseñados, o al menos así lo entiendo yo, para que impregnen nuestro día a día. No es la finalidad de los EE.EE. “conectarnos con Dios”, estamos ya en contacto con Él, en nuestro día a día, está ya en el interior de cada uno de nosotros y por tanto es de ahí de donde emana, de los otros y de mí, aunque nos hayan hecho creer que se encuentra en el “cielo”, fuera y lejos de nuestro alcance. Quizás, sin embargo, andamos sintonizando la emisora equivocada. A ello también nos enseñan los EE.EE., a que hay momentos en los que escuchamos nítidamente el canal que nos pone en contacto con Dios, otras veces con algo de ruido pero lo seguimos escuchando, otras sin embargo no escuchamos nada, e inclusive llegue un momento en el que dos emisoras se solapen y no sepamos cuál es la verdadera, la que nos acerca un mensaje más verídico. Valga el símil para ilustrar lo que en la vida del creyente no sólo es cuestión de fe, ni de estar en paz consigo mismo y con el entorno, ni siquiera de conceptos, de teoría aprendida, la fe y el encuentro con Dios se puede sistematizar, porque Dios además de una experiencia particular y subjetiva, también es objetivo, no depende de lo que yo crea o deje de creer, ni siquiera del prisma que he usado para verle, ni del concepto que me he ido haciendo de Él, de ahí tantas religiones, y tantísimos matices dentro de la misma. Dios trasciende todo ello, ES y SERÁ (Yavhé) a pesar de nosotros mismos y, por tanto, el encuentro con Él también puede ser sistematizado, aquello que “más nos ayuda”. Así lo hizo de forma extraordinaria S. Ignacio de Loyola, para acercarlo a todo aquél que buscara ese encuentro íntimo, cercano y sin engaños. Qué lindo saber que hay un camino y que alguien lo construyó para nosotros.

En ocasiones se hace necesario apartarse de los quehaceres diarios, sin estos tiempos de estar plenamente y a solas con Dios, no es posible que lo otro se dé, pero no ya como un refrescar sino como un itinerario de vida que es necesario hacer nuevo cada vez, para ir integrando, para ir manejando cada vez mejor para que, de tanto usarlo y reusarlo, nuestras manos sepan “qué teclas tocar para hacer sonar la melodía”.

Estos días que se me han dado como regalo de encuentro con Dios, me ha susurrado palabras de amor, invitándome a PERMANECER, permanecer en las dificultades, en las tribulaciones, en el dolor, en el miedo, en el sin sentido, incluso en la ausencia y el silencio de Dios, permanecer en Él. Te invito a ello también, porque es ahí donde se hace más presente, en tu dolor, en tus dificultades, en las ausencias y los sinsentidos, así que no decaigas, mantente en la oración, porque Él es la roca que sostiene para permanecer en pie, es los brazos que elevan cuando ya no hay fuerzas para andar. Ese es el verdadero encuentro, cuando logras desprenderte de ti mismo, no ser tú quien maneja las riendas y simplemente te dejas en sus manos, porque Él es quien da la fuerza, quien tiene “palabras de aliento para el abatido”, es quien da Esperanza al caminar y te propone que sigas su camino, un camino de Amor y Servicio en el que descubrirte más plenamente como ser único y libre.

Porque al fin y al cabo todos somos un poco “Zaqueo”, que andamos buscando una “higuera” a la que subirnos para que Dios torne su mirada a nosotros y nos convierta, nos libere, y haga que aflore lo de bien que habita en cada uno.

(Reflexión publicada en la web de la Red Ignaciana de Canarias Anchieta el 30 de mayo de 2012 http://www.redanchieta.org/spip.php?article960)